|
|
|
|
De habitantes a ciudadanos
Es quizás la afirmación más importante del documento emitido por el Episcopado Argentino la semana pasada. El diagnóstico, exacto, se parece al de los médicos cuando te dicen “Ah esas son cosas de la edad” o “Lo que Ud. tiene que hacer es vivir sin tensiones” y uno escucha y acepta, porque en realidad eso sería muy bueno, pero adentro le pica la inquietud de la gran pregunta ¿Cómo? ¿cómo quitarse la edad o vivir sin tensiones? La transformación de habitantes en ciudadanos no puede realizarse llamando a todos a una clase para decirles cómo tienen que comportarse para ser ciudadanos, ni emitiendo sabios documentos que señalan ideales. Aquí hay primero, una responsabilidad del Estado para crear un clima de confianza y convencimiento de que cumpliendo con las reglas de participación democrática se obtendrán resultados positivos, pero además supone una conducta ejemplar y educativa de parte de grupos, corporaciones e instituciones diversas.
¿Se puede aconsejar participación consciente, que llegue hasta exigir el respeto a los derechos, desde una institución que no admite de ninguna manera la intervención con esos objetivos, hacia adentro de ella misma? ¿Se puede exigir inclusión de todos, desde una cúpula institucional que fomenta una cantidad de discriminaciones? ¿Se puede hablar en serio de una transparencia en todo el proceso eleccionario desde un grupo que mantiene sistemáticamente ocultas sus propias deficiencias? ¿Puede ser eficaz un impulso hacia la reconciliación desde quienes han prestado su apoyo o han silenciado sus denuncias frente a las grandes violaciones de los derechos humanos? Quizás muchos piensen que la respuesta es un rotundo ¡No! Personalmente no lo pienso así. Creo que. a pesar de todo, está bien y es laudable que el Episcopado señale todas las condiciones que debieran darse para transformarnos de habitantes en ciudadanos. Claro que primero habría que revisar la casa para conenzar a realizar el cambio que después podrá ser contagiado a la sociedad, pero de todos modos es beneficioso escucharlo desde un nivel tan importante.
Además, (lo cual constituye un mérito casi desacostumbrado en estos documentos cuando no hay demasiada simpatía entre la Iglesia y el Gobierno) el Episcopado reconoce los esfuerzos que se han hecho por superar la gran crisis económica y el relativismo individualista en que estábamos sumidos, aunque no han sido suficientes. Pero aparece un claro notable, configurado por el silencio, muy semejante a un rechazo, del empeño más fuerte del Gobierno, que ha sido trabajar por la reconciliación quitando los obstáculos que hasta ahora se habían presentado legal, judicial, nacional e internacionalmente, para restablecer la vigencia de la justicia en los procesos a todos los violadores de los derechos humanos.
En el ámbito individual sería de desear que para las elecciones próximas se produjera una simbiosis entre el sentido crítico para juzgar a los candidatos y los partidos que los sostienen, y también una comparación que permitiera decidirse por los mejores. Y poco más que esto en realidad, porque en “programas y promesas” además de no presentarse nunca con demasiada claridad, se han defraudado ya muchas expectativas de los que los tomaron en cuenta para decidir sus votos. Ese sentido crítico y esa posible comparación serían ya un “pasito” para sentirnos ciudadanos y constructores de un país diferente. Pbro.José Guillermo Mariani |
Número de visitas desde la Pascua del 2001
Enviar correo electrónico a
raul@sintapujos.org
con preguntas o comentarios sobre este sitio Web. |