La Cripta Virtual: Un espacio para hablar Sin Tapujos

 

"Donde la Iglesia no engendre una fe liberadora, sino que difunda opresión, sea esta moral, política o religiosa, habrá que oponerle resistencia por amor a Cristo".
Jürgen Moltmann


 

 

Domingo 8 de junio de 2008-

10mo.durante el año litúrgico (ciclo “A”)

Tema (Mt.9, 9-13)  Pasa Jesús junto a la mesa recaudadora de tributos e invita al publicano mateo a seguirlo. Éste lo decide así y Jesús se invita a comer a su casa. Vienen los amigos, publícanos y pecadores y se unen al banquete. Por supuesto ese cuadro escandaliza a los fariseos que increpan a los discípulos. Jesús les recuerda las palabras de Oseas que ellos no han entendido todavía “Prefiero la misericordia al sacrificio”.

 

Síntesis de la Homilía

Hermosa página de Mateo en cuyo relato Jesús aparece en ocasiones tan duro para con fariseos y cultores de la  ley. Leví, el nombre original de este recaudador de impuestos para Herodes o para Roma, pertenece la  tribu levítica, asociada a lo sagrado. Y está cumpliendo una función despreciada por los verdaderos judíos. Colaboracionista con el invasor. Jesús le cambia de nombre, como a Simón y, sin ninguna condición o exigencia lo invita a seguirlo, después de que en pasajes anteriores había puesto obstáculos para quienes se ofrecieron a hacerlo. Mateo acepta de inmediato. Se desinstala, se pone de pie abandonando el asiento en que se sentía seguro y de dispone a aceptar la invitación. Pero Jesús va más allá. Se invita a comer con él. Y la comida se transforma en banquete, símbolo privilegiado del reino. Y los comensales, amigos de Mateo son lógicamente, otros publicanos y pecadores. No atreviéndose a increpar a Jesús los fariseos hacen la pregunta comprometedora a los discípulos. Es el mismo Jesús quien contesta con una frase lapidaria perteneciente al profeta Oseas, que le servirá también para corregir la vocación represora de los discípulos.

Si atendemos a lo que está sucediendo, nosotros también nos sorprendemos. Y más aun si nos fijamos en las palabras de Jesús. Se trata de estar con pecadores que no han dado y a los que él tampoco ha exigido muestras de conversión. ¿Cómo interpretar eso de que Jesús ha venido a buscar a los pecadores y no a los justos? Tradicionalmente esta perplejidad se ha solucionado diciendo que Jesús lo hace para convertir a los pecadores. En realidad todas las expresiones de misericordia de Jesús resultan sorprendentes por lo gratuitas. El “no quieras pecar más” en el caso de la adúltera está seguido de la advertencia “no sea que te ocurra otra cosa peor” que tiene que ver con la severidad de los castigos del Deuteronomio. Ese no reprochar a los discípulos su incredulidad, ni a Zaqueo sus coimas, ni al hijo pródigo  su  ingratitud y los pecados de que lo acusa su hermano, ni a Mateo su profesión, ni a la mujer que lava sus pies en casa del fariseo que según él es mujer de la vida, y la afirmación tan agresiva de que las prostitutas entrarán primero al Reino,  hacen ver una perspectiva revolucionaria con esto de que vale más la misericordia. Lo cual no quiere aplicarse a una especie de renuncia a la justicia restauradora entre los humanos pero sí en la actitud de la Iglesia para no discriminar a los pecadores. En la aceptación de la convivencia respetuosa con todos los que nos rodean, considerados justos o pecadores.

 

Buscando coincidencias entre las lecturas

 

Anunciando la llegada del Señor como aurora y como lluvia, Oseas asegura al  pueblo que muchas veces se ha desviado, que Dios no quiere sacrificios sino amor, conocimiento y no holocaustos.

Pablo hace notar a los romanos que la fe muchas veces implica “esperar contra toda esperanza.”

En el pasaje de Mateo Jesús abre la puerta con una amplitud inesperada y sorprendente para todos los que quieran realmente acompañarlo en la construcción del reino aunque sean  pecadores.


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Última modificación: 27 de September de 2008